El Poder Del Verbo




EL PODER DEL VERBO

 

 

((“...En El Principio Era El “Verbo”, Y El Verbo Era Con Dios, Y El Verbo Era Dios, y sin él nada de lo que existe pudiera haberse hecho...”))

                                   Evang. S.Juan

 

 

 

 

 

           

 

 

            En principio debemos recordar que todo movimiento es coesencial al SONIDO. Donde quiera que exista el movimiento, existe el SONIDO. Si bien el oído humano sólo logra percibir un limitado número de vibraciones sonoras, por encima y por debajo de estas vibraciones existen otras ondas que no se alcanzan a percibir. Todos los átomos, al girar alrededor de sus centros nucleares producen ciertos sonidos, imperceptibles para el hombre, e incluso el FUEGO, el AIRE, el AGUA, y la TIERRA tienen sus notas sonoras particulares. Llegamos pues a la conclusión de que todo lo existente, ya sea una flor, una montaña o un río, tienen una nota peculiar que los caracteriza, y el conjunto de todos los sonidos que se producen en el Globo planetario viene a dar UNA NOTA DE SÍNTESIS en el coro del espacio infinito. Cada mundo tiene su NOTA CLAVE y el conjunto de todas las Notas Claves del Infinito forman la llamada por PITAGORAS "MÚSICA DE LAS ESFERAS".

El silencio es la fuente del sonido. El sonido surge del silencio. El silencio es eterno y permanente. El sonido es intermitente y temporal. El sonido surge del éter, que es un aspecto del Akasha. El sonido es la característica del Akasha. El Akasha es otro nombre que se da para referirnos al memorándum o marco naciente del sonido, del que surge el sonido. El sonido creado mediante el Akasha conduce a la revitalización de los cuatro elementos en el marco del quinto, que es el Akasha. La Creación es el resultado de los fenómenos del sonido. Los sonidos, al ser pronunciados rítmicamente, generan energía por medio de la reestructura­ción del entorno existente. El ser humano se da cuenta de que la música es un servicio que produce alegría. La música no es sino una composición Rítmica de sonidos. El sonido puede crear. El sonido puede construir y puede también destruir. Los Atlantes sabían cómo utilizar el sonido para mover bloques de piedra e incluso montículos. El sonido generado por el éter produce vibraciones en la luz, creando así los colores. El sonido y el color juntos crean las formas. De este modo el sonido es el responsable del color y de la forma. De ahí la importancia que tiene y la necesidad que tenemos de practicarlo de la manera adecuada.

El uso adecuado del sonido exige un uso correcto de la palabra. A menos que la palabra sea bien entendida y bien empleada, la práctica del sonido no puede tan siquiera ser apreciada. La palabra representa el detalle del sonido. El lenguaje contiene grupos de frases. La frase contiene grupos de palabras. La palabra está formada por grupos de sílabas. Las sílabas están formadas por letras que representan el sonido. Las sílabas a su vez están compuestas de consonantes y vocales. Las vocales son la vida del sonido y las consonantes son los vehículos de estos sonidos de vida. Así es como ha de conocerse primero la relación entre la palabra y el sonido. Cada vez que hablamos usamos muchos sonidos. ¿Es necesario utilizar tantos sonidos?, ¿Es absolutamente necesario hablar, a menos que no sea algo esencial?. Los sonidos en forma de sonidos-semilla son muy poderosos cuando se comprende bien su trascendencia. Nosotros, cuando hablamos utilizamos los sonidos indistintamente, porque no conocemos su sistema de valor. Es como un salvaje que utiliza el papel moneda como papel higiénico. Para quienes conocen el papel moneda, éste es un símbolo de poder adquisitivo, pero para quienes no lo saben es como cualquier otro trozo de papel. Esa es la diferencia entre el que conoce el sonido y la palabra y el ignorante.

      

Como pequeña introducción diremos que un MANTRAM es una energía mística dentro de una estructura de sonido. Todo mantram encierra en sus vibraciones un determinado poder. Por medio de la concentración y repetición se libera su ener­gía y ésta toma forma. Cada Mantram está construido a partir de una  combinación de sonidos derivados de las letras del alfabeto sánscrito o "Lengua de los Dioses".

      

 

La Importancia Esotérica De La  Pureza De Palabra

 

            Toda idea que tenemos en la mente tiene su contraparte en una palabra; la palabra y el pensamiento son inseparables”. La parte exter­na de una y misma cosa es lo que llamamos palabra, y la parte interna es lo que llamamos pensamiento. Ningún hombre por medio del análisis puede separar el pensamiento de la palabra.

            Desde que el hombre existe han existido palabras y lenguaje. ¿Cuál es la conexión entre la idea y la palabra?. Aunque vemos que siempre debe haber una palabra con un pensamiento, no es necesario que el mismo pensamiento requiera la misma palabra. El pensamiento puede ser el mismo en veinte diferentes países, sin embargo, el lenguaje de ellos es diferente. El habla es la facilidad para expresar las opiniones y los pensamientos propios. Es un medio valioso que se le ha dado sólo a los seres humanos. Por eso uno tiene que aprender a usarlo apropiadamente.

            El propósito del lenguaje es revestir el pensamiento y ponerlo a disposición de los demás. Cuando hablamos, evocamos un pensami­ento y le damos vida, haciendo audible lo que está oculto dentro de nosotros. El lenguaje revela, y el correcto lenguaje puede crear una forma que encierra un propósito benéfico, así como el lenguaje inco­rrecto puede crear una forma que tenga un objetivo maligno. Sin darnos cuenta, hablamos incesantemente día tras día; empleamos palabras; multiplicamos sonidos, y nos rodeamos de mundos, de formas creadas por nosotros mismos. Por lo tanto es esencial pensar antes de hablar, y recordar el precepto “Antes de hablar, se debe adquirir conoci­miento”.

 

La Responsabilidad  En La PALABRA

 

Durante estos Temas hemos estudiado la pureza en el plano físico, en el plano astral y en el plano mental. Ahora quisiéramos hablaros de la pureza en la palabra, pero primero contaremos una historia sobre el profeta Mahoma:

 

.......Mahoma era muy sabio. Pero no estaba como Jesús dispuesto a poner la mejilla derecha si le golpeaban en la mejilla izquierda; más bien se parecía a Moisés, sacaba la espada con facilidad.  Cuentan que un día se acercó un hombre a Mahoma y le dijo: «Soy muy  desgraciado, no sé cómo reparar la falta que he cometido contra uno de mis amigos. Le he acusado injustamente, le he calumniado, y ahora no sé cómo reparar el mal que he hecho». Mahoma le escuchó atentamente y le respondió: «Esto es lo que debes hacer: ve, coloca una plu­ma delante de todas las casas de la ciudad y vuelve a verme mañana». El hombre hizo lo que Mahoma le había dicho; colocó una pluma delante de cada una de las casas de la ciu­dad y al día siguiente volvió a verle de nuevo. «Está bien, dijo Mahoma, ve ahora a buscar las plumas y tráelas aquí». Unas horas después volvió el hombre «¡Ni una pluma¡» No he encontrado ni una sola pluma. Entonces Mahoma dijo: «Lo mismo sucede con las palabras: una vez dichas, ya no pueden ser recuperadas; se fueron volando». Y el hombre se fue muy triste...

 

Nos gustaría ahora prolongar esta conversación. Suponga­mos que viene alguien a vernos para preguntarnos cómo puede reparar unas acusaciones, unas murmuraciones o unos insul­tos. Le podríamos contar la misma historia, pero le añadiríamos algo muy importante. Le diríamos: «Tienes que hablar de nuevo de esta persona, pero para decir todo lo contrario, es decir, hablarás de sus cualidades, de sus virtudes, de sus buenas intenciones. Como siempre hay algo bueno en cada criatura, lo buscarás y lo encontrarás. Y de esta forma, ¿repararé mi falta? No, esto no es posible porque las palabras pronuncia­das ya han provocado destrozos en las regiones invisibles, y hasta en las visibles, pero así crearás algo diferente que contrarrestará un poco tus anteriores palabras. Y cuando lle­gue el momento en que el karma te obligue a pagar muy poco tiempo después, llegarán también las consecuencias de las buenas palabras que pronunciaste, y recibirás consuelo».

 

¿Que es una palabra? Es un cohete que recorre los mun­dos, que desencadena fuerzas, que excita a ciertas entidades, y que provoca efectos irreparables. Sí, en realidad, los efectos son irreparables. Evidentemente si pudiésemos ponerles remedio de inmediato antes de que produjesen consecuencias, no se producirían daños, pero cuanto más tiempo pasa, más destrozos producen estas palabras. «Si, pero ya reparé puesto que dije todo lo contrario. Por estas buenas palabras serás recompensado, pero por las malas palabras deberás pagar, es decir, serás castigado.» Y esto, muchos de nosotros no lo sabemos. Creemos que todo se puede reparar. No, mis queridos hermanos y hermanas, por­que el bien y el mal que hacemos se dirige a dos regiones diferentes, a dos estratos diferentes. Las capas se superponen y no pueden recuperar las palabras que han sido lanzadas porque se encuentran ya en otras capas terrestres o suprate­rrestres. El tiempo es, pues, un factor formidable. Suponed que hayáis dado la orden de cortar la cabeza de alguien y que los que deben ejecutar vuestras órdenes ya se han puesto en camino... ¿Qué podemos hacer para reparar cuando ya ha caído la cabeza? ¿Acaso la pegaremos de nuevo? Una vez dada una orden, ¿qué puede hacerse? Dar una contraorden, es decir, enviar a otros mensajeros, a otros servidores para que impi­dan la ejecución. Pero si ha transcurrido demasiado tiempo ya no podéis reparar. Por eso dijo Jesús: «Antes de que el sol se ponga, ve a reconciliarte con tus hermanos». Esto significa que se debe reparar inmediatamente el mal que se ha hecho a los demás. Pero el sol que se pone simboliza también el final de la vida, la muerte. No hay que esperar, pues, a estar en el otro mundo para pensar en reparar los crímenes o las trans­gresiones que se han cometido porque la justicia, es decir, el karma, entra en acción y se tiene que pagar hasta el último céntimo. La mayoría de los humanos no saben cómo actúa la ley del karma: dejan hervir sus sentimientos, dicen cualquier cosa, pero un buen día el karma llama a su puerta y dice:  «¡Venga! ¡Ahora, a pagar!» Hay que reparar, pues, de inmediato, sin esperar el día siguiente, porque la palabra se va volando; se trata de una fuerza, de un poder, de un poder que recorre el espacio y actúa.

Debemos saber, no obstante que existe un poder más activo aún que la palabra: el pensamiento; y si nos ponemos a trabajar inmediatamente con el pensamiento, podemos paliar nuestras palabras. Es difícil, desde luego, porque el pensamiento y la palabra pertenecen a dos regiones diferentes. La palabra per­tenece al plano físico, es una vibración, un desplazamiento, de aire; mientras que el pensamiento pertenece ya al plano etéri­co. Pero si queremos poner remedio a las consecuencias de nues­tras palabras, podemos concentrarnos y pedir a los servidores del mundo invisible que impidan que el mal se produzca. De esta manera no repararemos totalmente pero evitaremos lo peor. Debemos ser muy rápidos y nuestro pensamiento debe ser muy intenso, de lo contrario la orden de ejecución será decapitada (simbólicamente hablando).

Algunos se imaginan que basta con excusarse por el mal que han hecho. No, hay que reparar los daños; sólo así nos liberamos. Decir: «Lo siento mucho, perdóneme...», no es suficiente. Cuando nos hacen un regalo, damos las gracias; pero la palabra gracias no equivale a lo que habéis recibido. De igual forma la palabra perdón no puede reparar el mal que hayamos hecho. Si hemos incendiado la casa de alguien, no basta con que vayamos a excusarnos; debemos construirle una nueva casa; sólo entonces seremos perdonados. Diremos: «Pero, ¿y si la persona que he perjudicado me perdona? No, el asunto no se arregla tan fácilmente, porque la ley y la persona no son la misma cosa; la ley no nos perdona sino que nos persigue hasta que hayamos reparado, (la ley del Karma es una medicina que nos despierta en nuestros errores para perfeccionarnos). Evidentemente el que perdona da pruebas de nobleza, de generosidad, y se desprende, se libera de los tormentos que le mantenían en las regiones inferiores. Mientras que el que no perdona sufre, permanece fijo en la imagen de la persona que le ha hecho daño, piensa continuamente en ella, está mania­tado, no avanza. Si Jesús dijo que hay que perdonar a los ene­migos, fue para que el hombre se liberase de los pensamientos negativos y de los rencores que le consumen. , se trata de una ley extraordinaria. Pero cuando perdonamos a alguien, no por eso queda el asunto totalmente zanjado. El perdón libera al que fue maltratado, perjudicado o calumniado, pero no libera al que cometió la falta. Para liberarse el culpable debe reparar.

Diremos: «Pero, ¿qué relación existe entre la palabra y la pureza?» Las palabras que vienen del alma y del espíritu están inspiradas por todo lo más desinteresado y bello que hay. Son de una gran pureza, puesto que despiertan algo divino en el hombre y no lo des­truyen jamás. Con la palabra podemos limpiar, lavar y purificar a los seres. Como un torrente, como un río que fluye, la pala­bra puede lavarlo y purificarlo todo. Pero si cambiamos la natu­raleza de la palabra, podemos ensuciarlo todo. Hay, por tanto, que meditar a menudo sobre este tema y buscar aquellas pala­bras con las que se pueda limpiar y purificar el corazón de los humanos. Sí, ¿cómo se puede purificar a los que tienen apeti­tos y deseos groseros? La palabra es capaz de hacerlo, pero tiene que venir de muy arriba. Pero los hombres nunca han pensado que la palabra puede ensuciar o purificar a los seres, y aunque alguien se lo diga, no lo creerán.

La pureza de la mirada, de la palabra, del gesto, de los sentimientos, del pensamiento, de la intención, hacen que el hombre sea casi una divinidad. Sólo que para este trabajo gigantesco no hay muchos candidatos, porque la gente no se da cuenta de su importancia. Únicamente los Iniciados buscan verdadera­mente la pureza, porque saben que si no la buscan, si no la viven intensamente, no llegarán a nada. No es la opinión pública la que cuenta para ellos. Un Iniciado quiere ser puro ante el Cielo; para eso trabaja día y noche y no le importa la opinión que los demás tengan de él. ¿Qué puede hacer la opi­nión pública? Si un hombre es impuro, aunque ésta lo crea puro, no puede purificarlo; y si es puro, aunque le calumnie, no puede ensuciarle.

 

Un relato curioso:

 

       Un día Ramakrisna estaba en casa de un amigo, haciendo lo que más le gustaba hacer: hablar de Dios. Entre el grupo que le escuchaba había un hombre muy educado que se consideraba un intelectu­al; Mientras escuchaba a aquel flaco hombrecito que no poseía ningu­na educación académica y que ni siquiera sabía leer, su ego (refiriéndome al orgullo de la naturaleza inferior), empezó a hincharse. Creía que su educación moderna le había ¡liberado! De las antiguas tradiciones religiosas de la India que mantenían encadenado al pue­blo con dogmas y rituales. Para demostrar su refinamiento, empezó a conversar con Ramakrisna de un modo que -pensaba- demostraría sus propios conocimientos y la ignorancia del santo.

             Cuando Ramakrisna empezó a hablar a propósito de la meditaci­ón sobre el nombre de Dios o sobre uno de los muchos mantrams, o no­mbres existentes para la divinidad en la cultura India, el hombre empezó a discutir con él. Sacó a relucir toda clase de trucos verba­les e base de lógica y razonamiento. ¡Él pondría en evidencia a este loco ignorante y mostraría la ridiculez del uso de los mantrams!. Ramakrisna contuvo sus palabras durante un rato y, luego cu­ando el hombre hizo una pausa en su discurso, le gritó ¡"Cállate, idiota"!.

             Esta imprevisible respuesta dejó completamente estupefacto el pseudo-intelectual, ya que nunca hubiera esperado tal reacción de aquel santo tranquilo y gentil. El hombre quedó sin habla. Empezó a respirar con dificultad y se sentó, reprimiendo a duras penas su ira. Le habían humillado ante toda aquella gente a quien había querido impresionar.

Ramakrisna continuó dirigiéndose a los demás, mientras el hom­bre estaba a punto de estallar.  Luego, al cabo de un rato, se volvió hacia él y le dijo: " Le ruego que me perdone, señor. No vea esto como un ataque personal, sino más bien como una lección para todos los presentes. Considere el estado en que se encuentra ahora:  su corazón late con rapidez, la sangre corre a toda velocidad por sus ve­nas. Está irritado, jadeante, y todo a causa de una PALABRA. Reflexione sobre esto, y luego considere le que puede suceder si se repi­te a sí mismo el nombre de Dios ".

 

            Las palabras y los sonidos tienen poder de afectarnos profundamente. Hemos experimentado muchas veces que los diferentes sonidos, o músicas, alteran nuestro estado de animo, emoción y pensamientos; a veces, dependiendo de la canción, pasamos de la alegría a la nostalgia, del movimiento incontrolado de un Rok al romanticismo de una balada. Y todo esto sin control alguno. Ciertamente la música, la letra, los sonidos y el ritmo, pueden hacer en nuestro interior lo que quieran..... Sabemos, también, que una palabra de insulto que aten­te contra nuestra persona, como: idiota, estúpido, feo, cabezón etc,  etc. (por no nombrar otras de índole más agresivas), producen en nuestro Microcosmos un desequilibrio, una alteración nada deseable para nuestro objetivo espiritual. También debemos diferenciar y conocer, que las mismas palabras entonadas de diferente manera producen efectos, también diferentes. El TONO  es fundamental, junto a la intención con que se pronuncia.

 

No en vano una de las premisas esenciales en el Sendero Espiritual, sin la cual nada verdaderamente importante se puede realizar nos dice que:

 

Antes Que La Voz Pueda Hablar En Presencia De

Los Maestros, Tiene Que Haber Perdido El Aguijón Para Herir

 

La palabra mágica:

 

            "Aprended a hablar con amor y dulzura, no sólo a los seres humanos sino también a los animales, a las flores, a los pájaros, a los árboles, a toda la naturaleza, pues es una costumbre divina. El que sabe pronunciar palabras que inspiran, que vivifi­can, posee una varita mágica en su boca, y nunca pronuncia estas palabras en vano porque siempre, en la naturaleza, uno de los cuatro elementos, la tierra, el agua, el aire o el fuego, están ahí, atentos, esperando el momento de realizar todo lo que hemos expresado. Puede ocurrir que la realización se produzca muy lejos de aquél que ha proporcio­nado los gérmenes, pero sabed que siempre se pro­duce. Así como el viento transporta las semillas y las siembra muy lejos, también nuestras buenas palabras vuelan y producen lejos de nuestros ojos resultados magníficos. Si aprendemos a dominar nues­tros pensamientos y vuestros sentimientos, a pone­rnos en un estado de armonía, de pureza, de luz, nuestra palabra producirá ondas que actuarán bené­ficamente sobre toda la naturaleza".

 

Existen dos categorías de Magos: los que practican la magia con la ayuda de un instrumento, y los que la practican únicamente por el Poder del VERBO. Estos últimos están evolucionados porque su instrumento mágico es la boca, el Verbo. No está separada de ellos, no los abandona, mientras que los otros se ven obligados a tener una “varita” en las manos, y la “varita” siempre es algo externo a ellos. El Caduceo es el atributo de Mercurio, dios de la Magia, y Mercurio rige a un tiempo la boca, la palabra y las manos. Pero este poder del Verbo el hombre puede reencontrarlo, a condición de comenzar un trabajo de TRANSFORMACIÓN INTERIOR. Este trabajo que ha sido enseñado siempre en la Iniciación, empieza con el dominio de los pensamientos y los sentimientos. Porque si las personas hablan sin darse demasiada cuenta de lo que dicen y del por qué lo dicen, es a causa de que no controlan ni sus pensamientos ni sus emociones. Y además lo saben, pero creen que no tiene importancia. Pues SÍ, SÍ TIENEN IMPORTANCIA, Y MUCHA...

FRASES CELEBRES
 
"Todo lo que somos es el
resultado de lo que hemos
pensado"
BUDA( 563a. C - 483a. C)
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MUSICA DE FONDO
 

 
 
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